La pared de placas
Del lado de la Costanera, la base de piedra está llena de placas de distintos tamaños y colores, y tiene un medallón con un rostro en relieve.
El bronce que juntó la comunidad, paso a paso
Pocos monumentos se hicieron así: el bronce lo juntaron los mismos inmigrantes y sus familias, con rifas, festivales y donaciones, y hasta llevaron llaves, canillas y otros objetos que ya no usaban. Cuando faltó material, lo completó un astillero de Mar del Plata. Recorré los pasos para ver cómo se fue llenando de bronce, desde la idea de 1984 hasta la inauguración en el Centenario.
En 1984, un grupo de inmigrantes y sus descendientes propuso crear una imagen en homenaje a los hombres y mujeres que dejaron su patria natal y se afincaron en estas tierras. Se formó una comisión para idear el proyecto y, tras evaluar las propuestas de distintos artistas, eligió una figura de bronce del escultor Guillermo Gaggini, argentino radicado en Italia, que aceptó hacerse cargo.
La obra pedía 1.800 kilos de bronce. Para juntarlos se organizaron eventos, festivales y rifas, y se aceptaron donaciones: los propios integrantes de la comunidad llevaron llaves, canillas y otros elementos en desuso.
Con el bronce reunido, Gaggini viajó a la Argentina, pero a los pocos días surgió un problema: el material no alcanzaba para completar los moldes. Intervino entonces el astillero Contessi, de Mar del Plata, que donó la viruta de bronce que faltaba. La escultura se fundió en Buenos Aires, y la empresa fundidora donó el transporte y los obreros que la trasladaron e instalaron sobre su base, en la plaza costera.
Gente de la comunidad y empresas hicieron todas las tareas sin cobrar. El 20 de septiembre de 1988, durante los festejos del Centenario de Miramar, se inauguró el Monumento a los Inmigrantes con la presencia del presidente Raúl Alfonsín.
Treinta y seis años después, el bronce estaba desgastado por el tiempo y el clima frente al mar. Las colectividades volvieron a juntar fondos y, en septiembre de 2024, el municipio se hizo cargo de la restauración. La hizo el artista local César Mujica, que aprendió de una artista marplatense formada por el propio escultor y probó materiales hasta dar con los que pedía la obra original.
Del lado de la Costanera, la base de piedra está llena de placas de distintos tamaños y colores, y tiene un medallón con un rostro en relieve.
Los brazos de las figuras se juntan arriba y dejan un hueco con forma de gota. A contraluz, con el mar de fondo, se ve como una silueta: así la dibujamos en la figura de arriba.
Parte del bronce salió de objetos que donaron las familias de la comunidad. El monumento está hecho, literalmente, con pedazos de la vida cotidiana de quienes llegaron.
La silueta de la escultura se tomó de una fotografía a contraluz. El llenado de bronce muestra el orden de los pasos, no cuánto aportó cada uno: de eso no hay registro. Si tenés fotos de las placas o datos del monumento, escribinos y los sumamos.